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Informe de Actividades 2020    Ayuda

Presentación



El 16 de noviembre de 2019, iniciamos un proceso profundo de transformación en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Nuestro eje ha sido priorizar la atención a las víctimas y a quienes pudieran estar en riesgo de serlo. Ahora, la CNDH recibe, atiende y da seguimiento a las quejas vía internet para emitir Recomendaciones en el menor tiempo posible. Esto disminuyó el costo burocrático que representaba una carga presupuestal a lo que el pueblo otorga a la Comisión. Por ello, priorizamos las áreas sustantivas, reduciendo gastos de operación en casi un 30%, para ser menos costosos, pero más eficientes.

A pesar de la pandemia de la COVID-19, de sus consecuencias económicas, políticas, sociales y culturales, avanzamos en nuestro compromiso de transformación y rediseño institucional sin dejar de trabajar un solo día. Mientras defensorías de derechos humanos en otros países pararon actividades, nosotros nos mantuvimos activos, atentos y vigilantes en defensa de los derechos humanos, sin dejar de preservar la salud de nuestros colaboradores. No obstante que trabajamos con menos del 50% del personal, en 2020, la CNDH emitió 103 Recomendaciones, dos de ellas Generales. Actualmente damos seguimiento a 505, algunas pendientes de conclusión desde hace 20 años. Promovimos 113 Acciones de Inconstitucionalidad derivadas del estudio de más de 968 leyes locales y federales.  Esta productividad supera el pasado reciente, a pesar de la austeridad, misma que nos permitió devolver al pueblo una parte de nuestro presupuesto para apoyar acciones contra la pandemia. Lo anterior pone de manifiesto que centramos la misión institucional de la CNDH en las víctimas, dándoles atención y seguimiento puntual y riguroso.

Para entender el alcance de la transformación de la CNDH debemos comprender que la naturaleza tradicional de “las instituciones protectoras de los derechos humanos” se limita a una fuerza protectora moral y testimonial, cuyos instrumentos son las quejas, exhortos, denuncias, medidas cautelares y desde luego, las recomendaciones que no son vinculantes. Hemos ejercido estos instrumentos, pero como es evidente, antes la crisis de violencias e impunidad, no han sido suficientes. Esa manera de “proteger” del Ombudsperson en la tradición sajona margina su competencia de todo órgano jurisdiccional y de la incidencia efectiva en la prevención y respeto de los derechos humanos, así como de la reparación de daños y garantía de no repetición. El pueblo de México, demanda la consolidación de un organismo más comprometido y proactivo.

Nuestro acompañamiento a las víctimas no tiene ni tendrá reservas en las demandas ante las autoridades del Estado Mexicano. Buscaremos siempre, soluciones expeditas y contundentes. Y aunque algunos juristas y defensores ortodoxos alegan que otorgarle más facultades a la CNDH desvirtuaría su naturaleza, nosotros pensamos que no es así. Nuestra tradición en la defensa y protección de los derechos humanos tiene un antecedente en el estado de San Luis Potosí en 1847, con la “Procuraduría de Pobres” promovida por Ponciano Arriaga que defendía a las clases más vulnerables de los abusos y maltratos de las autoridades. A pesar de su breve existencia, esa figura fue de avanzada porque contaba con facultades para denunciar y solicitar la reparación del daño. La transformación de la naturaleza jurídica de la CNDH debe abrirse al debate público, conscientes de esa deuda con México, un pueblo agraviado, humillado, ofendido y victimizado históricamente. Por eso, a 30 años del nacimiento de la CNDH, buscamos reivindicar, a la luz de los retos presentes, el modelo de Arriaga. Queremos emitir Recomendaciones vinculantes en defensa de los derechos humanos de todas las personas y comunidades contribuyendo a fortalecer nuestra joven democracia y consolidar una sociedad de derechos y no de privilegios. No buscamos suplir labores y competencias de tribunales y fiscalías, sino que la Comisión sea una verdadera Defensoría del Pueblo, con dientes, para que ninguna Recomendación dependa de la buena voluntad de las autoridades para ser cumplida.

Vivimos tiempos de transformaciones, y somos parte de ellas. Durante el primer año de esta gestión, la CNDH implementó los módulos móviles de atención en la Ciudad de México, buscando ofrecer este servicio en otros estados del país en una segunda etapa.
Ante los retos de la pandemia, nos pronunciamos en favor de que se garantice el bienestar de la población y que se tomen medidas urgentes para atender a las poblaciones más vulnerables. Para ello, evaluamos los impactos futuros de la pandemia y nos mantenemos vigilantes a las quejas por violencia de género. En respuesta, creamos las Unidades de Atención Especializada a Mujeres en las Oficinas Regionales de Sonora y Michoacán, y emitimos la Recomendación General 43.
 
Hemos sido activos en adoptar medidas emergentes y de atención especial en favor de las personas privadas de su libertad y en el contexto migratorio para que fueran atendidas en sus necesidades y demandas con un trato digno. Dimos atento seguimiento a medidas represivas en “aras de la salud”. El diseño de políticas públicas que busquen reducir los riesgos de transmisión de la COVID-19, deben darse en el marco de la libertad y el respeto a los derechos laborales y humanos, como una obligación de los sistemas de seguridad social y de pensiones; tiene que apelarse a la conciencia y a la solidaridad social, más que a la criminalización y penalización de las conductas.

El acceso a servicios básicos durante la contingencia es vital; por ello, exhortamos a la Comisión Federal de Electricidad a no suspender el suministro de energía eléctrica por falta de pago. De la misma manera, solicitamos a la Secretaría de Salud que garantice la implementación de medidas bioéticas, la atención a los pacientes con padecimientos crónicos, así como la universalidad y la gratuidad en la aplicación de tratamientos y vacunas. Otra preocupación es la del papel del Ejército en funciones de seguridad, lo que ha requerido mantenernos vigilantes de su actuación.  Si bien la ley no nos permitió controvertir el acuerdo que les faculta esas competencias, hicimos un respetuoso llamado al Congreso para no aplazar más la definición de dicha participación, mismo que fue acogido por la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.  También nos esforzamos en defender la libertad de expresión para que las autoridades procesen a los responsables de agresiones contra periodistas y defensores civiles de derechos humanos.

La CNDH es un logro del pueblo de México, por ello, nuestra lucha está enfocada en ponerla a su servicio.

Aspiramos a un país donde se respeten plenamente los derechos humanos, tarea de toda la sociedad y de las autoridades.

Que no quede duda, nosotros estamos haciendo nuestra parte.

 
María del Rosario Piedra Ibarra
Presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos

   
 
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